Pautas para conocerse a un@ mism@

Hace unas semanas os comentaba que el primero de los cinco pasos para planificar la carrera profesional es conocerse a uno mismo (para consultar los otros cuatro pincha aquí). Esta tarea es extremadamente compleja y, en realidad, nunca puede darse por terminada, ya que las personas estamos en constante cambio físico, psíquico y emocional. Por esta razón, lo que hoy parece mi profesión ideal puede no haberlo sido en el pasado y puede no serlo, de nuevo, en el futuro.

Sin embargo, y partiendo de la base de que tenemos que revisar quiénes somos continuamente para poder integrar todos los cambios que se vayan produciendo de una manera adaptativa, podemos llegar a conocernos de un modo lo suficientemente claro como para identificar nuestras prioridades, nuestros mayores intereses y a qué queremos dedicarnos en el mundo laboral.

Existen diversos tests vocacionales que pueden ayudarnos en esta tarea (en Internet encontrarás muchos pero no te fíes, la mayoría no han sido elaborados ni avalados por estudios científicos, por lo que carecen de fiabilidad. Si realmente quieres realizar un test vocacional que pueda ayudarte en tu proceso de orientación, mejor consúltalo con un orientador u orientadora) pero contestarlos ya requiere que te conozcas previamente. ¿Cómo si no vas a responder a si te gusta más trabajar en espacios abiertos o en una oficina? ¿A si prefieres innovar o seguir una rutina? ¿A si te gusta hablar en público o no? Un test vocacional puede darte pistas sobre el área profesional en el que encajarás mejor en base a tus intereses y habilidades, por lo cual debes saber previamente cuáles son.

Mis pautas para conocerse a una/o misma/o

  1. Leer: la lectura es una manera maravillosa, sencilla y barata, de explorar y conocer otros mundos, otras culturas, otras opciones. Leyendo podemos estar hoy en la Grecia antigua, mañana en el Japón de los samuráis y pasado en un mundo imaginario de una época todavía por llegar. Cuando hemos leído diversos géneros y estilos literarios vamos percibiendo una inclinación hacia uno o varios en concreto. Eso es parte de lo que somos, de lo que nos gusta. En mi caso, desde pequeña sentí una irresistible atracción hacia las historias de terror, pese a que no me dejaban dormir por las noches, que con los años fue cristalizando en un interés mucho más concreto: el cuento gótico, que es la base de la literatura que escribo actualmente. También me encanta leer drama y tragedia y si no lo hubiese descubierto a través de la lectura quizás nunca me hubiese sentido inclinada a estudiar psicología para tratar de entender la complejidad de la mente humana. Así pues, la lectura puede resultar crucial para ayudarnos a delimitar nuestros intereses.
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Leyendo El Elemento en el Aeropuerto de El Prat (Barcelona)

  1. Ver cine: esta pauta está estrechamente relacionada con la anterior y con la siguiente. Creo que las personas encontramos en el arte muchas respuestas a quiénes somos (o más bien que el arte se construye para dar valor y significado a esas preguntas), por lo que películas, series y programas de televisión pueden mostrarnos aficiones que de otra manera desconoceríamos. También son fuente inagotable de modelos profesionales (la serie Mentes Criminales me hizo plantearme la opción de estudiar Criminología) si bien en la mayoría de los casos la imagen que ofrecen está fuertemente estereotipada, presentando a los hombres en los puestos de mayor responsabilidad y en profesiones típicamente masculinas, y a las mujeres en puestos inferiores y en profesiones típicamente femeninas. En ocasiones vemos excepciones que son sumamente gratificantes y grandes ejemplos a seguir. En la misma serie de Mentes Criminales tenemos a una mujer ejerciendo un rol habitualmente masculino: el de informática, además de otras dos que conforman esa unidad del FBI.
  1. Escuchar música: ésta es quizás la pauta más fácil de llevar a cabo, ya que la mayoría de nosotros disfruta con la música y sabe responder perfectamente cuál es el tipo que más le gusta.
  1. Viajar: viajar a través de los libros es fabuloso pero hacerlo en la vida real lo es todavía más. Salir de nuestra zona de confort y recorrer mundo es la mejor manera de abrir nuestra mente, de poner nuestras creencias en duda, de conocer la forma de vivir, de pensar, de actuar de otras personas y otras culturas para, a lo mejor, darnos cuenta de que las comprendemos mucho más de lo que habíamos supuesto. Lo que se aprende viajando nunca se olvida. Y en el choque de culturas veremos con claridad quienes somos al detectar qué aspectos mantenemos firmemente y cuáles somos capaces de moldear. Hay viajes que además traen grandes revelaciones. En mi caso, visitar Atenas (concretamente observar esta ciudad blanca desde la Acrópolis) inició el imperante deseo de conocer otras ciudades y cada nuevo lugar me ha aportado un aprendizaje distinto.
templo de Zeus desde arriba

El Erecteion visto desde la Acrópolis (Atenas)

  1. Viajar sola/o: si a la pauta anterior le añadimos el valor de realizarlo en solitario, tendremos una experiencia fabulosamente enriquecedora para el autoconocimiento. El mismo viaje se transforma en algo totalmente distinto si en lugar de hacerlo con otra persona lo hacemos con la única compañía de nuestros pensamientos, conectando con nuestras emociones de una manera y en una situación en la que nuestro día a día rara vez nos lo permite debido al ritmo vertiginoso en el que solemos vivir.
  1. Experimentar: probar cosas nuevas es, al fin, la única manera de descubrir si nos gustan o nos disgustan. Si nos estancamos en lo conocido jamás sabremos si dispondríamos de otras opciones.
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Mi primer viaje en solitario – Conociendo Bristol

  1. Analizarse: a fondo, sin mentirse a uno mismo, aunque en ocasiones lo que descubramos sobre nosotros mismos no nos resulte del todo agradable. Si nos engañamos, si disimulamos, si cuando estamos llegando a una verdad sobre nosotros que no nos gusta la maquillamos… lo único que conseguimos es generar confusión sobre nuestra identidad. Terminamos convenciéndonos de que somos de una manera de la que realmente no somos y, consecuentemente, actuaremos de una manera que no está en consonancia. A veces hacer frente a nuestra verdadera esencia requiere de mucha valentía y tiempo. Está bien. Tomémonos tiempo pero no neguemos lo que somos. Si hay algo de nosotros que realmente no nos gusta lo primero que tenemos que hacer es aceptarlo, después podremos trabajar para cambiarlo.
  1. Poner pensamientos y emociones por escrito: el análisis mental tiende a la confusión, las ideas se entremezclan y con el paso del tiempo se pierden y caen en el olvido. Por eso es recomendable ponerlas por escrito. Además de recordarlas claramente, nos sirve para ordenarlas, gestionarlas y liberarnos de la sensación de estrés que nos produce “tener muchas cosas en la cabeza” (aplica también para los quehaceres diarios, por eso soy tan aficionada a las agendas).
  1. Conocer gente: ésta es, para mí, la mejor manera de conocerse a una/o misma/o, ya que es en los otros donde mejor vemos reflejadas nuestras virtudes y nuestros defectos y en quienes percibimos claramente aquellos aspectos de la personalidad que nos encantan y aquellos que no soportamos.

 

Hasta aquí mis pautas para conocernos mejor. Quizás no sean muy técnicas pero a mí me funcionan y están al alcance de cualquiera. ¡Espero que os sirvan!

Sandra Iglesias Rodríguez

Psicóloga y orientadora profesional de formación. Escritora de vocación. Madre y feminista a tiempo completo, bloguera en mis ratos libres. Aquí encontrarás información y debate sobre todo lo que tenga que ver con el mundo del empleo y con la igualdad de género.

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