El existencialismo y la búsqueda del significado vital

Descubrí el existencialismo hace muchos años -a menudo 10 años me parecen demasiados- cuando mi fantástica profesora de filosofía (la que me enseñó a pensar por mí misma, a cuestionarme las “grandes verdades”, las costumbres establecidas, las religiones… en definitiva, la vida) puso en mis manos ese libro maravilloso que es El mundo de Sofía para un principiante, sobre todo si el principiante es una joven apasionada de las ciencias humanísticas como yo lo era.

“La persona que entra en la masa se convierte en un ser impersonal. Se refugia en la mentira de la vida, porque la libertad nos exige poner algo de nosotros mismos.” (Sartre)

Archivo del diario Clarín. Fotografía publicada en 1983 en la revista dominical del periódico.

Jean Paul Sartre – Archivo del diario Clarín. Fotografía publicada en 1983 en la revista dominical del periódico.

El existencialismo es una corriente filosófica que se preocupa por el significado de la vida y la muerte, la libertad, las emociones o la responsabilidad humana. En este sentido, los filósofos existencialistas consideran que el ser humano es arrojado al mundo desde el momento de su nacimiento y que tiene libertad sobre sus actos, por lo que es responsable de los mismos. Esta libertad de acción, este libre albedrío que pone en tela de juicio el concepto de destino, puede ocasionar desorientación al no hallar respuesta a preguntas como: ¿por qué existimos? o ¿qué sentido tiene la vida? Ante esta incertidumbre se pueden experimentar emociones negativas como la angustia o el absurdo.

El término fue acuñado por Sartre en el S.XX, tras las grandes guerras que dejaron a la población cuestionándose el sentido de su propia existencia, aunque deriva de la filosofía del danés Soren Kierkegaard, del siglo anterior. Surge, como suele suceder, como reacción a la filosofía imperante por entonces, la cual trataba de encontrar una verdad universal para todas las cosas. El individuo, según el existencialista, tiene que atreverse a desafiar las normas de la sociedad, tiene que atreverse a separarse de la masa, si quiere alcanzar la autenticidad en su vida personal. Ante la imposibilidad de entender el significado universal de la vida, cada uno ha de buscar el significado de su propia existencia, estableciendo su meta a alcanzar.
“Debo encontrar una verdad que sea verdadera para mí… la idea por la que pueda vivir o morir.” (Kierkegaard)

Soren Kierkegaard - Imagen de Neils Christian Kierkegaard - Royal Library of Denmark

Soren Kierkegaard – Imagen de Neils Christian Kierkegaard – Royal Library of Denmark

El existencialismo me hizo pensar desde muy joven que la vida no tiene otro valor que el yo quiera darle, que los objetivos a alcanzar son sólo aquellos que yo me proponga y el camino a seguir el que yo considere adecuado. Y mucho tiempo después descubriría que esa es también la esencia de la orientación profesional.

¡Cuando seamos capaces de ver y definir claramente nuestra meta en la vida, ponerse en marcha para alcanzarla resultará mucho más fácil! Si tú ya has establecido la tuya o todavía no te decides no dudes en compartirlo en los comentarios. ¡Estaré encantada de hablar contigo!

 

Sandra Iglesias Rodríguez

Psicóloga y orientadora profesional de formación. Escritora de vocación. Madre y feminista a tiempo completo, bloguera en mis ratos libres. Aquí encontrarás información y debate sobre todo lo que tenga que ver con el mundo del empleo y con la igualdad de género.

2 responses

  1. La realidad es que como seres individuales nuestra existencia no es de mucha utilidad, pero es sin embargo como colectivo cuando podemos hablar de objetivo. Nacer, crecer, -sobrevivir-, reproducirse y morir.

    De tener algún objetivo individualmente, la evolución nos habría dotado de una regeneración celular perfecta al igual que ocurre con algunas privilegiadas especies marinas. Hemos sobresalido por encima de las otras especies debido principalmente a una serie de mutaciones que nos han ido permitiendo coger y manipular objetos. Llegados al punto en el que la fuerza bruta ya no es la que marga la diferencia, sencillamente han sobrevivido aquellas variantes del hombre que gracias a sus pequeñas variaciones evolutivas han ido siendo capaces de crear estrategias y de aplicar su imaginación del mejor modo para pasar por encima a las demás. A día de hoy seguimos explotando nuestras capacidades en breves lapsos de tiempo para seguir despuntando sobre el resto.

    Imagínate que dentro de unos siglos somos capaces de colonizar algún planeta. Lo primero que haríamos sería crear campos de cultivo en las nuevas colonias. Imagínate también que varios miles de años también nos extinguimos y que otra especie nos investiga millones de años después. Si observan a las distintas formas de vida a cámara rápida durante millones de años, llegarían a la conclusión de que los humanos no éramos más que una herramienta de la vida para extenderla. Es más, la verdadera inteligencia podría haber residido en las plantas, cosa que no podríamos percibir debido a la breve fracción de tiempo que dura nuestra vida en relación con las posibles muestras de inteligencia de un colectivo vegetal.

    Puede que tengamos un objetivo y que inconscientemente estemos desempeñando varias tareas para lograrlo. No tendría sentido preguntarnos cuál es del mismo modo que un linfocito no se pregunta por qué su objetivo es morir para garantizar la salud de una forma de vida superior. Si le proporcionas aptitudes al linfocito para que se haga preguntas a sí mismo, seguramente pasaría de todo. La posibilidad de que lo mismo suceda con nosotros está ahí, siendo una actitud bastante cerrada la de pensar de que estamos en al parte superior de la vida por el mero hecho de no ser capaces de ver nada más. Hay especies de pequeños invertebrados cuya visión espacial es muy limitada, percibiendo solamente 2 dimensiones. Otras especies ni siquiera disponen de percepción espacial y se desplazan en función de reacciones químicas y así podemos seguir descendiendo hasta los aminoácidos y las formas de vida más esenciales.

    A donde quiero llegar es que preguntarnos nuestro objetivo puede ser igual de complejo para nosotros que enseñar una hormiga a usar un smartphone de última generación o quizás aún más. Lo sencillo es recurrir a crear religiones en las que por mucho que hablemos de dioses, cerramos muchas puertas y posibles debates de este tipo.

    Son solo cosas que se me pasan por la cabeza.

    • ¡Gracias por tu comentario! Efectivamente, la pregunta sobre el significado de nuestra vida es tan compleja que el mejor modo de responderla -según los existencialistas- es olvidarse de grandes objetivos universales y responder personalmente: ¿qué es lo importante para mí, como ser individual? ¿A qué quiero dedicarme durante el breve periodo de tiempo que durará mi vida? Precisamente por ser tan breve deberíamos centrarnos en las cosas que más nos gustan y que nos hacen felices, sin dar rodeos o sin esperar a realizarlas en un futuro que, quizás no llegue nunca.

      ¡Un saludo!

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