¿Qué entendemos por Género?

El Diccionario de la Real Academia Española define Género como el grupo al que pertenecen los seres humanos de cada sexo, entendido este desde un punto de vista sociocultural en lugar de exclusivamente biológico. Es decir, no se refiere a las diferencias anatómicas o fisiológicas, sino a aquellas que son construidas culturalmente. Como ya Simone de Beauvoir escribió en 1949 en El segundo sexo, “no se nace mujer: llega una a serlo”.

Por lo tanto, si se trata de una construcción social, ésta puede modificarse. Porque no significa lo mismo ser mujer hoy que hace 100 años, ¿verdad? Del mismo modo que ser mujer no tiene las mismas implicaciones en España que en Colombia, en Kenia o en Irak.

El movimiento feminista anglosajón comenzó a utilizar el concepto “género” en los años 70 para resaltar esa construcción social de las características consideradas como típicamente femeninas o masculinas, mientras que distintas disciplinas científicas empezaron a usarlo en los 80 para explicar cómo la diferencia biológica terminaba por provocar desigualdad en términos económicos, sociales y políticos.

Desde la perspectiva psicológica se determinan, pues, tres facetas del género:

La asignación de género se produce en el momento del nacimiento según los atributos físicos externos (genitales). Cuando debido a malformaciones, estos atributos no se distinguen con claridad puede producirse una rotulación del sexo errónea, que puede traer consigo importantes trastornos de identidad sexual, como se verá a continuación (Lamas, 1986).

Imagen de digitalart - FreeDigitalPhotos.net

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La identidad de género se construye en los dos o tres primeros años de vida. Antes de que el niño o la niña conozcan la existencia de una diferencia anatómica ya han asumido su pertenencia a uno u otro género. Esto coincide con lo expuesto por Robert Stoller en su obra Sex and Gender en 1968 (Lamas, 1986), en la que recogía casos de niñas con síndrome androgenital (es decir, niñas con órganos reproductores internos femeninos y hormonas femeninas que desarrollaron órganos sexuales externos masculinos) a las que se asignó un género masculino y niños con defectos anatómicos en su sexo externo que hicieron que fuesen catalogados como niñas. En estos casos, intentar que cambiasen el género establecido y desarrollado durante los tres primeros años resultó inútil: las niñas a las que, por error, se les inculcó el ser niños siguieron considerándose niños, mientras que los niños a los que se dijo que eran niñas, siguieron considerándose niñas. Stoller fue así el primero en establecer la diferencia existente entre sexo y género, demostrando que la asignación y aceptación de una identidad tiene mayor carga que la genética y la biología. De esta manera, podría decirse que el género es el estado legal y social que nos identifica como hombres o mujeres, mientras que la identidad de género es nuestra propia percepción sobre nuestro género y cómo lo manifestamos, tal y como lo plantean desde Planned Parenthood.

Imagen de atibodyphoto - FreeDigitalPhotos.net

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El rol de género es el conjunto de expectativas, obligaciones y prohibiciones que se aplican a una persona según su pertenencia a uno u otro género, y que incluyen desde la forma de vestirse hasta la manera de comportarse. Aunque pueden existir diferencias según la cultura, la etnia, la clase social o la generación, en general tienden a establecerse las diferencias en base a la primitiva división sexual del trabajo por la que se destinaba a las mujeres (a las madres que debían cuidar de sus hijos) al ámbito doméstico y privado y a los hombres al ámbito público del trabajo.

Imagen de jesadephorn - FreeDigitalPhotos.net

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Imagen de Sicha Pongjivanich - FreeDigitalPhotos.net

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Los roles vienen inculcados por la familia, la cultura, la religión y los medios de comunicación y están tan arraigados en la sociedad que puede llegar a pensarse que dichas características distintivas tienen su origen en la diferenciación biológica. Sin embargo, como pusieron de manifiesto Evelyne Sullerot y Jacques Monod en sus estudios de 1978 (Lamas, 1986), la existencia de diferencias de comportamiento debidas a la diferenciación sexual genética son mínimas y no conllevan la superioridad de un sexo sobre el otro, pues la predisposición biológica no basta para provocar un comportamiento. Estos estudios confirman la teoría de que los roles son construcciones sociales basadas en estereotipos y que, por extensión, los atributos tradicionalmente asignados a una persona en función de su sexo también lo son. La idea de que las chicas nacimos para ser bellas y cuidar de los otros y los chicos para ser exitosos y trabajar, es errónea y sólo refleja las creencias de una sociedad en concreto en un momento determinado. Un momento que ya ha durado demasiado.

Y tú, ¿tenías clara la diferencia entre sexo y género? ¿Crees que la mayoría de la gente desconoce esta diferencia? No dudes en comentar todo lo que quieras en el apartado de Comentarios. ¡Estaré encantada de hablar contigo!

Referencias bibliográficas:

Real Academia Española. (2014). Diccionario de la lengua española (23ª ed.).

Lamas, M. (1986). La antropología feminista y la categoría “género”. Nueva antropología, 8 (30), 173 – 198. México. Consultado el 28 de julio de 2015 en http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=15903009.

www.planetparenthood.org

Sandra Iglesias Rodríguez

Psicóloga y orientadora profesional de formación. Escritora de vocación. Madre y feminista a tiempo completo, bloguera en mis ratos libres. Aquí encontrarás información y debate sobre todo lo que tenga que ver con el mundo del empleo y con la igualdad de género.

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